Un restaurante puede tener cola en la puerta, reseñas brillantes y aun así cerrar el mes con menos margen del que debería. El problema casi nunca está en la cocina ni en la sala. Está en lo que ocurre fuera del servicio: compras que suben sin que nadie lo note, escandallos que llevan seis meses sin actualizarse, mermas que nadie registra, turnos mal calculados y datos repartidos entre el TPV, tres Excels y una carpeta de albaranes.
La automatización en hostelería no va de sustituir criterio ni de convertir tu local en una fábrica. Va de que tu criterio tenga datos a tiempo, antes de que el margen ya esté en el cubo de basura.
