Un SaaS estándar puede ser una gran decisión cuando tu proceso encaja en su forma de trabajar. El problema aparece cuando tu equipo empieza a crear atajos porque la herramienta no refleja la operativa real — y esos atajos, sumados, son donde se está yendo el dinero.
Primero aparece un Excel auxiliar "para lo que el sistema no recoge". Después una plantilla paralela que se comparte por correo. Luego una persona que sabe cómo hacerlo todo "de verdad" y de la que depende media empresa. En ese momento, el coste ya no está en la licencia mensual. Está en la fricción que el software está generando todos los días — y eso no aparece en ninguna línea del balance.
