Una empresa puede usar CRM, ERP, facturación, hojas de cálculo, formularios, plataformas externas y bases de datos internas. Eso no es malo en sí mismo. Lo malo empieza cuando cada herramienta guarda una parte de la verdad y nadie ve el cuadro completo sin reconciliar a mano.
Ahí aparece el trabajo invisible: copiar datos, exportar CSV, revisar versiones, preguntar por correo, comprobar estados, cruzar Excels y resolver inconsistencias. La integración de sistemas existe para eliminar ese trabajo-puente que no aporta valor — solo lo conserva mal.
